|
Como es el tratamiento?
La singularidad en la terapia
Se requiere psicoterapia cuando alguien posee un padecimiento que genera malestar anímico y no ha podido resolverlo solo. Si bien se utilizan técnicas basadas en la investigación se llega a ellas a partir de que se especifica un problema. Detectar todas las variables que intervienen en el conflicto es la forma de empezar a modificar aquello que nos resulta indeseable. De manera que resolver un problema implica trabajar con todo el universo de un sujeto. Además de sus pensamientos y emociones, sus vínculos, la salud física, las creencias, el trabajo, son el marco de referencia indispensable para trazar objetivos terapéuticos. A esos objetivos le corresponde una planificación de tratamiento singular donde se incluye la tecnología de intervención, el rapport y la confianza.

Otra perspectiva sobre el pasado
 |
El pasado atraviesa el aquí y ahora. Aprendimos a pensar, sentir y a manejarnos de una manera determinada que muchas veces puede producirnos malestar. Es decir, lo aprendido o no aprendido (falta de herramientas, por ejemplo, para resolver una situación) es la capacidad de cambio que tenemos. El aprendizaje es la incorporación de pautas de comportamiento, de manejo emocional, de maneras de pensar y percibir; no refiere al proceso de “enseñanza” donde estudiamos. Los aprendizajes pueden incluir formas deficitarias que vayan consolidando conflictos sin que nos demos cuenta. Todo esto ocurre ahora. Y es ahora que podemos plantear objetivos de modificación. “El pasado” nos interesa en tanto pasado de esos aprendizajes, porque los problemas, cuales sean, tienen una historia que los explica. Se trata entonces de acentuar la pregunta en el hoy teniendo en cuenta sus antecedentes y consecuentes: esto que pasa, cómo puede resolverse? ¿desde cuándo sucede? Si bien las respuestas se orientan hacia el cambio, no toda explicación de un problema es útil o aceptable. La comprensión objetiva de la conducta humana y sus leyes, no resulta de la mera interpretación, sino de las ciencias del comportamiento.

Planificación de la terapia
En función a la evaluación diagnóstica se hará una propuesta de trabajo al consultante, pudiendo planificar juntos qué se abordará primero y explicándole los estadios del tratamiento. El saber del terapeuta es activo, está a disposición del paciente porque es necesario que comprenda lo más posible sobre su problema y su terapia. El motivo de consulta se especifica lo más posible comenzándose a realizar la “psicoeducación”; allí se dan los fundamentos teóricos más importantes en los que se basará la posterior aplicación de técnicas.
En algunos casos, la terapia cognitivo conductual manifiesta ser más eficaz que la medicación. En otros, es factible que algunos pacientes la necesiten para aliviar el sufrimiento y poder trabajar fuera de la urgencia anímica; cuando el malestar emocional es muy grande hay que generar las condiciones para que la psicoterapia comience ser un espacio de trabajo y resolución. Algunos diagnósticos clínicos, como las psicosis, no son abordables sin medicación.

El tratamiento combinado: Psicoterapia y psicofármacos
Siempre es preferible la terapia cognitivo conductual sola, no produce efectos secundarios y las tasas de recaída son menores; sin embargo es la evaluación psicológica individual quien determina la implementación de un tratamiento combinado. En estos casos, se trabaja en forma interdisciplinaria para maximizar los efectos positivos de la medicación y que ésta sea ingerida por el menor tiempo posible, en la menor dosis. La herramienta farmacológica es muy poderosa y sus beneficios son incuestionables, pero por sí sola puede resultar una seudo-solución. Por la dependencia que genera y por no garantizar un cambio sostenible en el tiempo. Muchos pacientes rechazan la medicación por diferentes creencias: en estos casos resulta útil explicar qué pasa en el sistema nervioso, cuáles son las bases biológicas del problema para que se evalúe nuevamente la negativa. No se trata de lo que a uno le parece, sino de lo que las cosas son; por eso la información objetiva suele modificar algunas percepciones erróneas en su discusión.
La combinación de ambos tratamientos reporta gran eficacia.

¿Qué se cambia?
A partir del momento en que alguien se decide a iniciar una terapia de este tipo, empieza a trabajar en la primer sesión. Serán dos las personas dispuestas a transitar por un proceso de modificación. Pero el alta definitiva se da cuando el paciente ha aprendido a generalizar lo aprendido y ya ha solucionado el problema.
Cambiar el pensamiento es también cambiar la conducta y la emoción, lo que repercute en todas las áreas del individuo. Del mismo modo, modificaciones en el contexto se traducen en cambios en los otros niveles. Separamos pensamiento, emoción y conducta para una mejor descripción. Sin embargo tal división no existe en nuestra vida anímica, así como tampoco estamos separados de la realidad para detectar todos los factores que influyen en nuestro comportamiento. Hay una regularidad en los procesos de nuestra vida; hacemos, sentimos y pensamos bajo las mismas leyes en un conflicto de pareja, en un ataque de pánico, en el hecho de abrir la heladera o ver una película.

Fases de la terapia
Fase de evaluación: Se solicitan informes, test, auto registros y demás herramientas de evaluación que permitan un conocimiento profundo de quien consulta. La recolección de información se agiliza mucho de este modo, permitiendo una evaluación completa ya en tres sesiones.Muchas veces se utilizan las categorías diagnósticas y sintomáticas del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales donde la comunidad científica decide utilizar un vocabulario común. Esas categorías no describen la identidad de una persona, ni explican mejor un problema. Solo sirven para dar con una “etiqueta” que a su vez, permita encontrar el tratamiento aprobado por la investigación científica contemporánea. Sin embargo el proceso terapéutico no se inicia con el nombre de un trastorno, sino con una evaluación minuciosa: el análisis funcional. Este análisis conduce a una adaptación individual de los conocimientos y las técnicas. Su base teórica es conocida como “el modelo clínico experimental”. En esta fase se especifican los problemas y se realiza la psicoeducación: se socializa un saber que ayuda a entender los hechos con mayor objetividad. Muchas veces la objetividad se pierde porque la emoción nos lleva a interpretar todode un modo más acorde a nuestro estado de ánimo que a la realidad misma.
.
Fase de tratamiento: Una vez planteados los objetivos, comienza a aplicarse el programa que hemos elaborado. El paciente tiene aquí un rol activo conformando con el terapeuta un equipo de trabajo: ambos saben qué harán, cómo, y para qué. Ya se ha establecido el encuadre: cuál será la frecuencia de las sesiones, su costo, y cómo será el trabajo fuera del espacio terapéutico. Durante el tratamiento el terapeuta deja abierto canales de comunicación que permiten permanecer en contacto si el consultante necesitara hacerlo.
Fase de seguimiento: Aquí las sesiones van a comenzar a espaciarse. El rol del terapeuta es menos directivo, se han producido los cambios deseados y es hora de mantenerlos. De ese mantenimiento consta la última fase: quien ha consultado ya puede prescindir de un terapeuta para utilizar nuevos recursos psicológicos, esas herramientas ya están incorporadas a la vida cotidiana, de manera que solo resta evaluar cómo se están implementando. “Recurso” o “herramienta” son formas generales de referir al proceso terapéutico, por lo que fuere la consulta, siempre se trata de ensanchar la capacidad de la persona para resolver situaciones; aprender a razonar de una forma más objetiva, reconocer y controlar síntomas e impulsos, diferenciar pensamiento de emoción, predecir consecuencias de la propia conducta, comunicarse de una manera eficaz, desarrollar los vínculos, detectar situaciones problema. En la última fase se pone a prueba el nuevo aprendizaje, el espaciamiento de las consultas permite intervenir fomentando la autonomía y la destreza de la persona.

|