Resolución de Problemas

 

Motivo de consulta

Algunos autores han determinado tres áreas para comprender las razones que llevan a las personas a terapia. Los trastornos psiquiátricos son uno de los tantos motivos de consulta. Hay otros, que también son problemas, pero que están en una dimensión diferente a las categorías de enfermedad mental. No son menos graves en tanto generan malestar. Duelos, mudanzas, separaciones, cambios producidos por la edad, enfermedades graves, conforman un área conflictiva denominada Crisis Vitales.

 

En circunstancias de ese tipo las personas cuestionan todas sus creencias y se encuentran en un estado de gran vulnerabilidad. La psicoterapia en estos casos, ayuda a prevenir la configuración de trastornos y generar alternativas para transitar la situación sino es posible resolverla. En otro plano se encuentran quienes no están en riesgo psíquico, y encaran un nuevo proyecto, o desean encaminarse hacia determinadas metas y dudan cómo hacerlo. Estas consultas se agrupan en el llamado Desarrollo Personal. Es tarea del terapeuta preparar al sujeto para afrontar las dificultades que pueden presentarse, anticipando consecuencias, previendo también cómo vivirá las nuevas significaciones.

 

Terapia en resolución de problemas

En los años 70, de la mano de D’Zurilla y Golfried, surge esta terapia como forma de incrementar o crear la capacidad para desenvolvernos en situaciones específicas. D’Zurrilla la define como “un proceso cognitivo-afectivo-conductual a través del cual un individuo (o grupo) trata de identificar, descubrir o inventar medios efectivos para manejar los problemas que encuentra en su vida diaria”. Además de evaluar las decisiones más convenientes y su ejecución se trata de que el sujeto pueda controlar sus conductas y emociones mientras resuelve un conflicto.

 

Hay o no solución?

La percepción y la actitud que alguien tiene frente a un problema puede facilitar su resolución, o por el contrario, empeorar las cosas. La falta de motivación para enfrentar un conflicto puede deberse a la inseguridad, confusión,y el temor a las consecuencias entre otras razones. Por por eso es importante distinguir cómo vemos el problema a cómo el problema es realmente; si la propia emoción no se distingue de los elementos reales es probable que no se pueda reflexionar con objetividad. Evitar un tema, o la búsqueda de soluciones, nos termina convenciendo de que nada podemos hacer.

Algunos problemas pueden desaparecer solos pero otros pueden ser antecedentes de nuevos problemas. Otros, pueden no tener solución, pero en la medida que nos preocupan se han convertido en un nuevo problema. Es posible que la persistencia del problema sea mayor cuanto más tiempo pase, además, las soluciones que intentadas pueden haberse convertido en un aspecto nuevo del problema incial. De modo que la resolución es la meta última, hay que lograr un manejo de la propia emoción y percepción para que el tiempo y la energía destinados al conflicto permitan una evaluación correcta y no sean en vano. Si bien la búsqueda es la resolución de aquello por lo que se consulta, el entrenamiento brinda una serie de herramientas que van más allá del mero ejercicio intelectual: lo aprendido es generalizable a diversas facetas de la vida. El crecimiento de auto-confianza y la capacidad de responder de forma efectiva frente a situaciones-problema, más el reconocimiento de nuestras propias limitaciones, nos ayudan a obtener nuevas destrezas de comportamiento.

 

¿Cuáles son los pasos del tratamiento?

 

Explicación del tratamiento: Breve resumen de la estrategia de resolución de problemas. Si bien ésta consta de varios pasos, se adaptará a la idiosincrasia de quien consulta.

 

Orientación del problema: Se evalúa el estilo resolutivo del consultante. Se le ayuda a distinguir si es un estilo facilitativo o desajustado. La evaluación de las emociones frente al conflicto es también importante: los estilos desajustados tienen a ver de forma negativa las posibles soluciones y cargan con emociones incapacitantes, sintiendo que el problema los supera, que no podrán resolverlo. En estos casos es positivo utilizar técnicas para manejar las barreras cognitivas y emocionales que dificultarán la resolución. Se enseña entonces a considerar a los problemas como parte de la vida y no ya como una amenaza. Se dejan asentadas las bases para que el problema sea afrontado como una capacidad de crecimiento personal. Luego de vencer algunas fuentes de dificultad, se empieza a abordar el problema en sí mismo.

 

Definición y formulación del problema:Un problema puede observarse como la discrepancia entre cómo se experimenta la situación presente y cómo podría o debería experimentarse dicha situación” (D’Zurrilla, 1986). El enfoque que se adopta parte de toda la información relevante, identificando obstáculos, reconociendo otros problemas irresueltos que pueden estar contribuyendo al conflicto actual.

Se hará una distinción importante sobre el problema: si su definición está centrada en una meta o en la emoción: cuando la situación no es modificable se trabajará sobre las reacciones emocionales. Pero si es modificable, se plantean metas realistas, alcanzables. Se especifica aquí el poder de esa meta para modificar el problema. La meta es lo que deseamos que ocurra porque resolverá el conflicto. Las posibles interferencias para lograr los objetivos también son analizadas, pudiéndolas prever y sortear. Es común que un problema requiera “atacar” desde distintos puntos, serán enumerados en esta fase.

 

Elaboración de soluciones alternativas: Se elaboran tantas soluciones como sea posible, sin importar cúales y cómo se usarán. La cantidad de soluciones propuestas se realiza con una leve suspensión del juicio crítico, ya que la producción de soluciones variadas permite que la elección de la definitiva, sea de mayor calidad.

 

Toma de decisiones: Se procede a leer todas las soluciones descartando aquellas que implican algún riesgo o no parecen viables. “La mejor solución es aquella que maximiza los beneficios y minimiza los costes del bienestar personal, a corto y largo plazo” (D’Zurrilla).Se le pide al consultante que anticipe los resultados de cada solución posible. Serán cuatro los criterios para cada solución alternativa: si es resolutiva, si proveerá bienestar o alivio suficiente, cuál será el estado emocional en ese momento, esfuerzos y tiempos que demanda la implementación, efectos sobre el bienestar general, social y personal. Luego, se analiza la posibilidad de aplicación de cada una hasta encontrar la más beneficiosa y eficaz. Si la conclusión es que aún no se ha encontrado la solución, el problema será redefinido.

 

Aplicación y verificación de las soluciones: El terapeuta asume aquí un rol menos directivo con la intención de que el sujeto sea más independiente; se le han dado herramientas para ello. En este tramo se procede a verificar, aplicando, todas las soluciones que fueron objeto del análisis anterior. El plan de soluciones ya habrá sido sometido a distintos pasos que permiten garantizar los resultados. Sin embargo es importante el diseño de la situación futura donde se realizará la intervención. Una vez solucionado el problema se realiza un racconto de los pasos seguidos para proceder a la generalización del aprendizaje.

 

¿Qué pasa después de la solución?

El terapeuta colabora para que las destrezas adquiridas se generalicen a otras situaciones. Las herramientas utilizadas se incorporan al repertorio de afrontamiento de quien ha consultado. Se aprende a anticipar obstáculos y a examinar objetivamente las variables en juego. Para que el cambio se consolide se realizan algunas intervenciones previniendo nuevos conflictos que podrían suscitarse.

 

 

Lic. Laura Galasso Turnos e informes: 4 925 0936

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