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Peso e imagen corporal

EL CONFLICTO

La disconformidad con la imagen del cuerpo se torna obsesiva, comulgando con preocupaciones constantes respecto de qué se ingiere o no se ingiere, las emociones negativas que acompañan este proceso aumentan porque  los cambios deseados no logran conseguirse. Y eventualmente, al alcanzarlos, duran un período breve o bien su sostenimiento se basa en el perjuicio de la salud física. El intento de verse “bien” lleva a un profundo malestar, o bien se consigue merced al daño físico. La insatisfacción con el tamaño y la silueta pueden ocasionar estragos irreversibles y llevar a la muerte. Una separación errónea, proveniente de la desesperación, radica en separar meta estética de meta saludable. Frecuentemente se les dirá “importa lo de adentro” desmereciendo el legítimo derecho de verse bien o al menos intentarlo.

Leer más sobre diagnósticos, causas y circularidad del problema. Ver pdf Bulimia nerviosa

Bajar archivo:
Bulima Nerviosa

Conferencia del Dr. J. Toro para la Fundación General de Catalunya-www.mgs.es

Los trastornos asociados a la problemática alimentaria son varios: Anorexia nerviosa, Bulimia nerviosa, trastorno de la conducta alimentaria no especificado, trastorno por atracón,  obesidad, sobrepeso, algunos pueden ir juntos, los nombramos  solo a fines descriptivos. Los  factores que pueden causarlos son múltiples, así como es frecuente que sean sus manifestaciones muy distintas, cursando con grados distintos de incapacidad y/o malestar.
Si la relación con el propio cuerpo se ha vuelto hostil es esperable que empiece a deteriorarse la vida afectiva y el rendimiento laboral, la persona se aisle sosteniendo el conflicto como un gran secreto (estos pacientes han comprobado, o suponen, que no serán comprendidos). El resultado es que se el problema inicial se refuerza. Se ha armado entonces un círculo del que es difícil salir sin ayuda profesional. Nadie puede -como ocurre en las adicciones- dejar para siempre de comer, o desinteresarse del todo de la valoración de la propia imagen.

¿CÓMO SE MANIFIESTA?

Nivel cognitivo preocupación constante por la alimentación,  el tamaño y la forma   del cuerpo - temor a engordar-  perturbación de la imagen corporal- autoestima baja-

Nivel fisiológico: obesidad-sobrepeso-peso por debajo de lo normal- exceso de grasa corporal- irritabilidad-ansiedad-sentimientos de vacío- problemas gastrointestinales-alteraciones del ciclo menstrual (amenorrea)-alteraciones en el sueño- anemia-impulsos – síndrome plurimetabólico-
Nivel motor: purgas- episodios de ingesta incontrolable, voraz- ayunos- actividad física exagerada-inactividad- rechazo de cierta vestimenta- consumo exagerado de productos light- práctica y abandono de dietas- consumo de anfetaminas- aislamiento- rituales de examinación corporal- evitación de situaciones- aislamiento social-


Disponible en: www.youtube.com/watch?v=eoIQQ6W1awc&feature=related

Los desórdenes de la alimentación y/o la disconformidad con el propio cuerpo, no necesariamente se traducen en diagnósticos psiquiátricos. El sobrepeso, por ejemplo, suele ser un motivo de consulta frecuente y aún cuando se trate de pocos kilos, para el sujeto puede resultar una fuente de malestar constante e intensa.

 

 

EL FACTOR INDIVIDUAL

estando en su peso
puede verse gordo


con sobrepeso
puede comer
por ansiedad

con depresión puede
hacer ayunos




con ansiedad puede
comer copiosamente

De manera que hay que conocer los factores individuales que sostienen el conflicto. Cada persona debe saber qué cambios puede producir en su cuerpo, y cuáles no, de otro modo cualquier tratamiento está destinado al fracaso. Si la meta no es posible, habrá que aceptarlo, que tampoco es tarea sencilla.

Leer más sobre secuelas psicológicas

La mala alimentación, como  el mal descanso, interfiere en el ánimo y en la motivación general del sujeto, a veces dando lugar a síntomas o cuadros de depresión y/o ansiedad. Por eso los conflictos alimentarios  se convierten en razón de consulta clínica cuando la persona está agotada y reconoce no poder, por sí sola, controlar las situaciones asociadas a su peso e imagen corporal; y mucho menos puede alcanzar o sostener las modificaciones deseadas.
 Ya seguros de que éste es el principal problema del paciente, se realiza un análisis funcional minucioso de los factores generales que podrían estar comprometidos: factores biológicos, fisiológicos, cognitivos, de aprendizaje, de estilo de vida, de actividad física, etc.

¿Psicoterapia o tratamiento médico?

Cuando comemos no dejamos de sentir ni pensar. La metabolización no impide que nuestra atención pueda focalizarse fuera del cuerpo. Entonces, si somos una unidad, es falsa toda opción que nos divida en psiquis/cuerpo o separe los enfoques sobre nuestra salud; de ese modo se genera aún más confusión y sufrimiento. Es fundamental trabajar con otros profesionales en forma conjunta, partiendo de la sumatoria de saberes científicos y no de su aparente relación de exclusión. Porque desde un ángulo más acorde a la investigación contemporánea, los conocimientos médicos y psicológicos comienzan a marchar juntos en la dirección de la cura (poniendo a prueba los tratamientos, fomentando la validación de técnicas, etc.).

¿Estética o salud? Su articulación

Nunca se trata de lograr grados de aceptación de nuestra cuerpo rajatabla, partimos de juicio crítico y distinguimos una alteración perceptiva de una imagen real y modificable. Si el esquema corporal es corregido en sus distorsiones (si las hubiera), serán viables los objetivos de cambio articulándolos con las necesidades del cuerpo y su cuidado. Hay que destacar la necesidad de conciliar el ideal estético con la estima hacia nuestra materialidad y su preservación.

Leer más sobre "La imagen corporal y su distorsión"

Todos tenemos una imagen de nuestro cuerpo: integrada por componentes perceptivos, cognitivo-afectivos y conductuales. Es en esa imagen donde añoramos generar cambios, “¿cómo?” es la pregunta que fue atravesando la historia del problema y constituyendo “soluciones” pasajeras. Evaluar la relación entre la imagen que tenemos de nuestro cuerpo, y el cuerpo en sí mismo, es una de las primeras tareas del tratamiento; es posible que esa imagen esté distorsionada. La existencia de alteraciones en el esquema corporal no debe confundirse con el “desagrado” que podemos tener por unos kilos demás. Si hubieran percepciones erróneas de la realidad, no ya de valoración estética, sino de una seguridad respecto de defectos imaginados, otro es el problema y otro su tratamiento. Para que esto no ocurra y los resultados del tratamiento sean los esperados se evalúa técnicamente la existencia de lo que conocemos como trastorno dismórfico corporal, máxima expresión de las alteraciones en la imagen del cuerpo. Se procede a modificar cognitivamente las alteraciones en el esquema corporal, si existieran, para delinear un tratamiento con metas alcanzables. Todo cambio que un sujeto pretenda realizar para fomentar su auto confianza también genera una cadena conductual positiva: si estamos bien, nuestros vínculos serán mejores, nuestra calidad de vida se verá optimizada, etc.

¿Calorías o nutrientes?

La información nutricional sirve para ordenar y planificar nuestra alimentación, “lo que comemos”  debe pensarse como un medicamento para el cuerpo (aún cuando las ingestas se direccionen al descenso de peso). Además, no alcanza con buscar información, hay que atender a cómo la procesamos. No es cierto que el mismo organismo traduzca en adipositos cada aporte calórico. Sin embargo, los pacientes con esta conflictiva necesitan muchas herramientas nuevas para relacionarse con la alimentación de este modo; la visión más frecuente es “comer” como sinónimo de “engordar” (es decir, fracaso y sufrimiento que pueden llevar al ayuno/purga, o a comer más por la angustia de haber “recaído”).

Leer más sobre cómo procesamos la información

La percepción errónea de las cosas, muchas veces se relaciona con la falta de información o con la incorporación de creencias que no hemos cuestionados. Por ejemplo, tendemos a decir que x alimento tiene muchas calorías. Es posible que las tenga, pero no lo hacemos respecto de los nutrientes que posee. De este modo el acento está puesto en conocer una parte de lo que se come, “lo que engorda” obviando las necesidades de supervivencia de nuestra fisiología. Se pasa por alto que gastamos calorías hasta cuando dormimos. Bajar de peso y/o comenzar a tener un vínculo armónico con la comida y el cuerpo requiere saber qué se come, cómo, dónde, cuándo, “aprender a comer” consiste justamente en manejar estas variables.

¿Víctimas de la influencia social?

El alcance de las presiones o modelos sociales no llega a explicar, como suele decirse, la configuración de un trastorno alimentario o de un conflicto grave con el esquema corporal y la alimentación. Pueden colaborar con la aparición del problema o predisponernos a él. Los ideales estéticos están siempre a la vista como sinónimo de éxito. Por eso es importante diferenciar el deseo de verse a mejor al tramposo intento de cambiar el cuerpo para ser feliz.

Leer más sobre el alcance de la influencia social

La conducta individual y la realidad social están en relación constante. Todo lo que pensamos, sentimos, y hacemos son respuestas al mundo que nos rodea. Pero no es sencillo detectar todos los mecanismos de influencia a los que estamos sometidos, puesto que existen formas de presión muy eficaces que afectan nuestras creencias y son, muchas veces, modalidades casi invisibles que inciden en nuestra subjetivad. La publicidad, es tal vez, uno de los ejemplos de esta eficacia sobre la conducta. De manera que los modos no explícitas de comunicar poseen más poder, muchas veces, que los mandatos o las leyes, al punto de controlar gran parte de nuestro comportamiento; por eso muchas adolescentes son candidatas a contraer este tipo de conflicto, puesto que están delimitando objetivos vitales. Sin embargo, ¿qué pasa con el resto? ¿Qué sucede con tantas personas, consolidadas en su profesión, en sus vínculos? Evidentemente, lo que puede facilitar  un trastorno no necesariamente lo determina porque se articula con todas las variables vitales, de contexto del sujeto. La constitución de un síntoma psicológico tiene que ver con la puesta en interacción de una serie de mecanismos, considerar que solo “la influencia social” dará curso a trastornos alimentarios es desestimar la capacidad idiosincrática de muchas personas que pretendiendo  cambios estéticos, y alimentarios, padecen un trastorno específico. Esos cambios, sí pueden ser beneficiosos si se transitan con el cuidado del cuerpo y en atención a que no constituyan el  único motivo de vida. Es cierto que cuanto menos sabe una persona sobre sus concretas posibilidades de cambio con menos seriedad las encara, aún cuando crea que está “solucionando” o “probando” y de lugar a frustraciones que empeoren el cuadro. Cuanto menos se valora a sí misma, más permeable será a los mensajes sociales o de su entorno, sean encubiertos o no. Esta vulnerabilidad es observable en otros motivos de atención clínica, como el desarrollo personal o la pregunta por la orientación y la vocación.

¿Cuáles son las técnicas de intervención eficaz?

A diario nos ofrecen: fajas, plantillas, pulseras, imanes, cremas, medicación “natural” a “base de hierbas”. Todos estos elementos de consumo pueden hacer peligrar el equilibrio metabólico. El riesgo se potencia por la comercialización de fórmulas mágicas cuya implementación produce efectos nulos o graves, al tiempo que se vivencia otra sensación de fracaso volviendo al punto inicial con menor iniciativa. No se puede ir “picando” tratamientos a ver qué pasa. La ausencia de motivación para iniciar un tratamiento puede ser tan alta que ya no se desee consultar, ni escuchar una última propuesta antes de resignarse a los síntomas. No es útil  cerrar la boca para dejar de comer, y que el círculo se reinicie, hay que abrir las creencias e interrumpir los encadenamientos de conducta.

Leer más sobre las técnicas de intervención eficaz

Psicoeducación: Brindar información e iniciar un proceso de aprendizaje sobre el equilibrio energético y la planificación de comidas y los supuestos erróneos. Aprender a distinguir hambre de ansiedad, apetito y gula. El programa está centrado en alcanzar las metas del paciente de forma saludable, aún para bajar de peso no se hará hincapié en el recuento calórico.

Trabajo interdisciplinario: La supervisión nutricional es fundamental para rehabilitar al paciente en una paulatina incorporación de patrones alimentarios sanos, adecuados al objetivo personal. El sujeto necesita educarse nutricionalmente: conocer la relación entre energía consumida y gastada y el papel de esa relación en aumento de peso. El trabajo es conjunto, ambos profesionales establecerán contacto directo en el inicio y durante el proceso terapéutico. Muchos pacientes ya poseen mucha información, en esos casos se le ayuda a concretarla en un plan alimentario acorde a sus objetivos.

Control de estímulo: Aprende el paciente a discriminar hambre de apetito para que cada ingesta esté controlada por el primero. En esta fase se incluye la planificación de compras, cocción de los alimentos y, forma en que serán guardados.
Se utiliza para controlar el cumplimientos de pautas, evitar los atracones, las comidas fuera de hora, y las conductas purgantes reconociendo los estímulos que desencadenan esas conductas relacionados a nuevas y eficaces formas de control.

Creencias irracionales: La ansiedad suele estar ligada a los pensamientos erróneos sobre la comida y no a la comida en sí misma. Esta distinción permite trabajar las creencias irracionales sobre la alimentación para modificarlas en base a la información nutricional.

Exposición con prevención de respuesta: Existen temores frente a algunos alimentos, lo que conduce a una alimentación rígida y monótona. Se supone que de incorporar alimentos “prohibidos”, se engordará. Con esta técnica se enseña a incorporar esos alimentos previniendo purgas y conductas compensatorias. Se evalúa también la fuerza de impulso para ingerir estos alimentos en forma no programada. El objetivo es la introducción gradual de alimentos “prohibidos” -sin que ello conlleve el temido aumento de peso-.

Actividad física: Sus beneficios son muy superiores a la pérdida de peso y la disminución del apetito. Es objetivo del tratamiento que el sujeto mejore la relación con su cuerpo, y ponerlo en actividad es la mejor forma de lograrlo. Apuntamos entonces a que el cuerpo deje de ser una materialidad hostil, y se pueda encontrar placer utilizándolo. Actividad física, además de deporte, es bailar, caminar, realizar relajación, etc.Debe ser adaptada por el médico teniendo en cuenta el gasto energético y la ingesta en cada paciente, así como la densidad ósea y la función cardíaca.

Resolución de problemas: Se enseñan estrategias de “resolución de problemas” para anticiparse a las situaciones de riesgo. Se adquieren varias herramientas cuya implementación permite evitar recaídas en y después del tratamiento.

Ruptura de cadenas conductuales: Se enseña qué es una cadena conductual; solo así se puede discriminar qué pensamientos y conductas actuaron como eslabones para que ocurriera determinado episodio. La utilización de ejemplos y representaciones concretas permite al paciente “romper” la cadena lo antes posible. Vencemos con esto el automatismo aparente de algunos impulsos.

Modificación cognitiva: Se le pide al paciente que hable sobre todos los pensamientos y emociones ligadas a su imagen y a la comida. La modificación de errores perceptivos y de alteraciones en el proceso de pensamiento permite una intervención directa, correctiva. El cambio cognitivo facilita la aparición de nuevas conductas y el control de situaciones.

Reestructuración cognitiva: Cuando la delgadez está sobrevalorada suelen realizarse rituales examinatorios del cuerpo que solo refuerzan los sentimientos negativos. Es importante que se registren los pensamientos para dar una refutación racional, que repercuta, por ejemplo, en la conducta que inicia el ritual. La reestructuración de las creencias sobre la delgadez-felicidad suele llevar tiempo.

Decatastrofización: Las formas rígidas de pensamiento llevan a atribuir un constante significado catastrófico, tremendo, dramático a situaciones que no lo son. Una situación puede ser indeseable pero no por eso horrorosa, se enseñan técnicas que permiten detectar y corregir estas tendencias de interpretación defectuosa.

 
    © Licenciada Laura Galasso
Argentina. Buenos Aires.
Tel. (54-11) 4925-0936
M.N. 32 120-Psicóloga clínica
Especialista Cognitivo Conductual
Directora ECCOT - Equipo Interdisciplinario y Psicoterapéutico
     
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