Depresión

 

¿A qué llamamos depresión?

Aunque es un término de uso cotidiano, en psicología depresión es un diagnóstico clínico; en tanto, requiere el cumplimiento de una serie de criterios establecidos para considerarse tal. Existen distintos tipos de depresiones no siendo necesariamente, como se cree, la angustia/pena/tristeza el indicador fundamental. Si bien alguno de estos sentimientos puede ser objeto de atención clínica, no implica un trastorno del estado de ánimo.

Cualquier emoción de tono negativo que se ha perpetuado en el tiempo e interfiere en la vida cotidiana, generando malestar, puede o no estar implicando un diagnóstico de depresión. Algunos síntomas de depresión alternan con episodios de euforia o manía ( trastorno bipolares), otros se apoyan en una enfermedad médica, devienen del consumo de sustancias o bien son reactivos a situaciones esperables en la vida. Sentimientos de infelicidad asociados a un período de duelo, por ejemplo, que con el transcurso del tiempo revierten. Sin embargo, ese mismo tiempo que en un sujeto fue sinónimo de aceptación, en otro puede ser desencadenante de ideación e intento suicida. De manera que al hablar de depresión haremos salvedades desde el punto de vista técnico, pero como en cualquier problema psicológico, la focalización estará puesta en el reconocimiento del área más afectada en esa persona. Quien atraviesa una situación de duelo puede requerir más asistencia que quien padece una depresión.

La terapia cognitiva menciona como principal componente de las depresiones a “la tríada cognitiva”: es la visión negativa de sí mismo, del entorno, y del futuro.

 

¿Cómo se manifiesta?

La alteración en el estado de ánimo se produce en bajadas. Características generales se agrupan, para su mejor descripción, en áreas que constituyen la triple forma en la que solemos responder.

Nivel cognitivo: pérdida de intereses- indecisión-culpa –problemas para concentrarse- apatía- baja autoestima-negatividad- desesperanza- ideación suicida- delirio- melancolía-preocupación-

Nivel fisiológico: alteraciones en el sueño, en la alimentación, en el peso- pérdida del deseo sexual-llanto-problemas gastrointestinales-fatiga- sentimientos de tonalidad negativa

Nivel motor: aislamiento- dificultad para realizar tareas nuevas- conductas suicidas-postergación -dependencia

 

¿Por qué alguien la padece?

Existen diversas teorías explicativas, cada una comprende la depresión con mayor o menor articulación en el nivel cognitivo.

Modelo socioambiental: El sujeto “hace cosas” para sentirse menos mal. Y no, como se espera, para sentirse bien. La consecuencia de la conducta es entonces un mero alivio al malestar pero nunca satisfacción. Plantea una importante disminución en “los refuerzos positivos del comportamiento”: lo que se hace, rara vez, es para estar bien.

 

Modelo de desesperanza o indefensión: La percepción de la propia eficacia se ha perdido, de tal modo que la persona tiene el convencimiento de que cualquier cosa que logre hacer no modificará la situación. Esto se explica mejor por los sentimientos de impotencia, frustración, incontrolabilidad propios de la desesperanza: los sucesos importantes para la vida no están relacionados con la capacidad de acción de la persona. El modelo plantea que la desesperanza es un aprendizaje donde se ha desligado la conducta individual de los eventos significativos. Alguien “esperanzado” no sería quien ve todo positivo, sino quien asume su responsabilidad para revertir situaciones y obra en consecuencia. El sujeto debe recuperar el sentimiento de control y autoeficacia.

Modelo de autorreforzamiento: La persona se encuentra con frecuencia frente a pensamientos negativos sobre sí misma, imágenes de infelicidad, con la consecuente respuesta emocional que esto tiene. Se postula aquí un sistema de autocontrol deficitario donde prima el autocastigo y la autoevaluación es siempre negativa. Explica la consolidación de conductas depresivas por un sistema defectuoso de reforzamiento.

Modelo cognitivo: Plantea la existencia de un sistema de comunicación interno en cada persona a través del cual damos sentido a la realidad, constan en él nuestras creencias, pensamientos, formas singulares de percibir la realidad. En la depresión ese sistema se encuentra apoyado en dos categorías de gran envergadura: el daño y la pérdida. Los procesos perceptivos y las creencias se orientan entonces a que la información se procese de modo distorsionado. Uno de los pilares conceptuales de este modelo es la tríada cognitiva: visión negativa de sí mismo, del entorno y del futuro. El objetivo será cambiar la organización de la estructura cognitiva y corregir los errores perceptivos.

 

¿Cúales son las técnicas eficaces?

Psicoeducación: Es fundamental que el consultante conozca la estrecha relación entre emoción, pensamiento y conducta para empezar a detectar los pensamientos automáticos que deben modificarse, sabiendo que un pequeño cambio en un área repercute en las otras. Cada persona percibe la realidad con ciertas peculiaridades, por eso es necesario conocer esa “manera” singular de atribuir significados para empezar a diseñar el tratamiento. Se trata también de explicar el concepto de afrontamiento hacia los problemas; la viviencia de daño y pérdida se convierte en un conflicto a ser resuelto.

Entrenamiento en habilidades sociales: Conduce al paciente a expresarse mejor, ampliar su red vincular y consolidar las relaciones preexistentes. Aprende a decir que NO, a pedir favores, a mantener desacuerdos sin exaltarse mientras se modifican conductas verbales que no ayudan a un buen intercambio con los otros.

Discusión cognitiva:Consiste en preguntar de forma socrática para que el sujeto mismo pueda encontrar alternativas a los pensamientos de tono negativo o distorsionados -comprobando que no se ajustan a la realidad.

Programa de actividades: Implica realizar tareas que proporcionen placer y que no conlleven grandes esfuerzos. Esta técnica tiene una aplicación gradual donde el dominio y el agrado se van incrementando semanalmente.

"Mi mujer y mi suegra"
W.E.E.Hill

 

Reatribución: Es un procedimiento cognitivo consistente en la asignación de significados nuevos a situaciones que se evalúan de forma tajante y errónea; aún cuando existen elementos de la realidad que permiten varias interpretaciones.

 

 

Reestructuración cognitiva: Identificar los pensamientos distorsionados conduce al paciente a detectar los errores que comete en el procesamiento de la información. Paulatinamente, se le va enseñando cuáles son esos errores perceptivos y cómo reconocerlos. Se produce entonces un aprendizaje que permite modificar algunos pensamientos muy arraigados, por otros nuevos basados en la función que cumplen y en su ajuste a la realidad.

 

Entrenamiento en resolución de problemas: La técnica contiene una serie de pasos que permiten tomar una decisión con el convencimiento de que las consecuencias serán las esperadas. Se descompone el problema en varios elementos aprendiéndose a analizar de forma activa posibles soluciones y efectos.

 

 

Lic. Laura Galasso Turnos e informes: 4 925 0936

15-5-827-3697